domingo, 25 de julio de 2021

La Torre Tugrul


La Torre Tugrul (o Tuğrul , Toghrul , Tughrol o Tughrul según el sistema de transliteración) es un monumento del siglo XII en la ciudad de Rey en el norte de Irán. Aquí aparece en una imagen de 1865. Desde entonces ha sido parcialmente restaurada, o al menos “remendada”, y el entorno se ha transformado en un oasis verde. Tiene 20 metros de altura, está hecho de ladrillos y con paredes de un espesor que varía entre 1,75 y 2,75 metros. El diámetro exterior es de 16 my el interior de 11 m. Originalmente estaba dominado por una cúpula cónica, que supuestamente fue derrumbada por un terremoto antiguo y olvidado. 


La estructura es la tumba de Tuğrul Beg, el fundador del Imperio Seljuk , que murió en Rey en 1063. El suyo era un gran Imperio musulmán sunita de la época medieval. Hoy está olvidado, pero en ese momento corría desde el Bósforo hasta el Himalaya y desde Asia Central hasta el Golfo Pérsico. En los siglos XI y XII, período de su mayor extensión, tenía una superficie de unos cuatro millones de kilómetros cuadrados.



La ciudad de Rey se encuentra entre las más antiguas del mundo. Sus orígenes se remontan a hace más de cinco mil años y, en la antigüedad, fue un centro conocido por su inmensa riqueza, también como nodo principal de la Ruta de la Seda, así como por sus magníficos jardines. Estos fueron elementos que atrajeron regularmente la atención de los numerosos asaltantes de esa época y esa zona. Cada uno de ellos ha dejado importantes monumentos en la ciudad, pero en general, si no destruidos, al menos se han vaciado de la población. Poco a poco fue cediendo su importancia a un pueblo cercano muy poco considerado en ese momento, Teherán.


Hay muchas buenas razones para evitar el turismo en Irán, entre ellas la desagradable costumbre local de tomar rehenes, un poco al azar, entre los occidentales de paso y luego negociar asuntos económicos con sus gobiernos, sin mencionar la prohibición de la cadena MacDonald's de abrir restaurantes en Irán. el país… Sin embargo, cuando puedas visitarlo, valdrá la pena.


martes, 18 de mayo de 2021

El primer ciberataque de la historia sucedió en el siglo XIX

 


En plena Revolución francesa, en la década de 1790, apareció la primera red nacional de datos del mundo. Se trataba de un sistema telegráfico muy ingenioso que funcionaba gracias a la interconexión de varias torres, estructuras de roca como la que aparece en la siguiente imagen. Cada una de estas torres estaba coronada por una serie de brazos móviles de madera cuya posición correspondía a una combinación de letras y números.

A la distancia, los mensajeros encargados de descifrar estos mensajes observaban con un telescopio la posición de los brazos y daban seguimiento al circuito de transmisión de información. De una torre a otra, la información podía transmitirse por toda Francia en cuestión de minutos.

Evidentemente, en aquella época la red estaba monopolizada por el gobierno francés. Sin embargo, un par de hermanos banqueros decidió burlar este control estatal. Era el año de 1834 cuando François y Joseph Blanc se ganaban la vida negociando títulos en la Bolsa de Bordeaux, en una importante ciudad portuaria al sudoeste de Francia. El principal problema de Bordeaux era su ubicación: estaba a casi 600 km de París algo que, en términos franceses, significaba cruzar todo el territorio, de norte a sur.

Cualquier información emitida desde la capital llevaba días para llegar a través del servicio postal. Y como en aquellos tiempos la información también podía convertirse en dinero, algunos hombres de negocios intentaban reducir esta distancia utilizando mensajeros particulares o palomas, aunque con resultados muy decepcionantes y al final nadie logró obtener un dato privilegiado para utilizar en la Bolsa.

Un golpe maestro.

Fue entonces que a los hermanos Blanc se les prendió el foco. Pero estos sujetos no tenían una invención increíble, mucho menos una innovación revolucionaria. Nada parecido. Se trataba de un golpe simple, tramposo y muy creativo al más puro estilo de Jimmy McGill.

El golpe consistía en que un enviado de los Blanc en la Bolsa de París se dedicaba a observar diariamente el movimiento de títulos en el gobierno. Cuando se presentaba una oscilación importante de los valores, este hombre enviaba un paquete para la esposa del director del telégrafo en Tours, una ciudad ubicada a mitad de camino entre París y Bordeaux. Cuando el precio de los títulos caía, el paquete contenía medias. Si el precio subía, enviaba guantes. Dado que la mujer era propietaria de una mercería, estos artículos no levantaban ninguna sospecha y pasaban por un envío de un proveedor como cualquier otro.

Apenas recibía el paquete, el director del telégrafo preparaba el código correspondiente y un empleado, que también participaba en el esquema, transmitía el mensaje cifrado, que navegaba con toda seguridad hasta Bordeaux. La criptografía del mensaje era muy simple, y el código incluía una tecla «backspace» que significaba que el receptor debía ignorar el carácter inmediatamente anterior al espaciado.


En otras palabras, cuando el empleado transmitía la información privilegiada de la Bolsa seguida del espaciado, el mensaje debería continuar directo, sin ser interceptado, hasta el fin de la línea.

Sin embargo, en Bordeaux se encontraba Pierre Renaud, antiguo director del telégrafo de Lyon que, gracias a un telescopio, captaba la informacióndesde una habitación con vista a la torre de la ciudad y se la entregaba a los banqueros. Así, los hermanos Blanc sabían las novedades de la bolsa con dos días de antelación gracias a este hacker del siglo XIX.

Manipulación en la transmisión de la información.

El fraudulento esquema se mantuvo en pie durante 2 años. Sin embargo, el empleado de Tours enfermó y, antes de pasar a mejor vida, reveló la trama a un amigo con la intención de que lo sustituyera en el cargo. El amigo le comunicó esta propuesta al director del telégrafo de la ciudad que, al negarse, echó toda la organización por el caño. El hombre se puso furioso por no poder ingresar a la trama y terminó revelando todo a la policía.

En aquella época los hermanos Blanc no recibieron ningún tipo de castigo o sentencia, y es que todavía no existía legislación o castigo alguno para los responsables por la manipulación en la transmisión de la información. Sin embargo, este caso terminaría influenciando las leyes francesas durante más de un siglo.

Tras el escándalo, el gobierno de Francia elaboró una ley donde estipulaba que los medios de comunicación no debían ser utilizados para fines privados sin el consentimiento del Estado. La transmisión de información siguió siendo un monopolio del gobierno francés hasta 1998, cuando las leyes de la Comunidad Europea los obligaron a cambiar.

lunes, 17 de mayo de 2021

El misterio de las grabaciones de voz humana hechas 3 décadas antes que las de Thomas Edison


Durante 120 años hubo una verdad difícilmente controvertible: que Thomas Alva Edison había sido la primera persona en grabar la voz humana.


El inventor de, entre otras cosas, la bombilla y la cámara cinematográfica, famosamente lo había logrado en 1888 con otra de sus creaciones, el fonógrafo de cilindro de cera, y hubo muchos testigos de la hazaña, incluidos los asistentes a un concierto que grabó en el Festival Handel en Crystal Palace, Londres.

Sin embargo, más de un siglo después, dos miembros de First Sounds Initiative -un colectivo que "se esfuerza por hacer que las primeras grabaciones de sonido de la humanidad estén disponibles para todas las personas de todos los tiempos"- empezaron a sospechar que había una realidad alternativa.

Sus sorprendentes descubrimientos llevaron a que en 2008 la historia fuera reescrita... dos veces.

El hallazgo

Cuando el estadounidense Patrick Feaster, un historiador de audio, empezó a leer sobre un pionero del sonido anterior a Edison, un francés llamado Édouard-Léon Scott de Martinville, no se entusiasmó mucho; su invento no parecía ser más que un precursor técnico del fonógrafo que sólo se usó para experimentos científicos.



Pero su opinión fue cambiando a medida que investigaba más, particularmente tras ver unas malas fotocopias de la patente de un aparato llamado fonoautógrafo, que el francés había registrado el 25 de marzo de 1857.

Poco después, en una visita a París, su colega David Giovannoni consultó en persona los documentos de Scott de Martinville en la Oficina de Patentes de Francia y encontró dos fononautogramas... nada menos que grabaciones de sonido fechadas en 1860, 28 años antes de las de Edison.

Eran hojas de papel cubierto en hollín que habían sido marcadas por la vibración de una cerda de jabalí provocado por sonidos; gracias a que habían sido sumergidas en un fijador, esos rastros de algo que sucedió una decena de décadas atrás estaban perfectamente preservados.

El desafío consistía en traducir esas marcas en ondas sonoras. Giovannoni le envió los papeles a Feaster a Estados Unidos, quien, con su computadora, se abocó a la tarea apenas los recibió.

"Terminé quedándome despierto toda la noche", le contó Feaster al programa "La orquesta de los sonidos perdidos" de la BBC.

Tuvo que ajustar manualmente las ondas de sonido usando como referencia las vibraciones inscritas por un diapasón que Scott había grabado en los mismos documentos precisamente para tal fin.

"Cuando salió el Sol, finalmente pude escuchar la grabación. Era (la canción folclórica francesa) Au Clair de la Lune. Sentado allí, me di cuenta de que era la primera persona en escuchar a alguien cantar antes del estallido de la Guerra Civil estadounidense: se me puso la piel de gallina".


 

No sólo eso: Feaster fue además el primero en escuchar esa grabación. Punto.

Édouard-Léon Scott de Martinville nunca la había reproducido; de hecho, ni siquiera lo intentó.

Otro sueño

Scott era editor y tipógrafo de manuscritos en una editorial científica de París. Como buen hombre de letras, su sueño había sido otro.

¿Qué tal si un escritor -se preguntó- pudiera "dictar un sueño fugaz en medio de la noche y al despertar descubrir no sólo que ha sido escrito, sino regocijarse en su libertad de la pluma, ese instrumento con el cual lucha y que enfría la expresión?"

Básicamente, lo que quería crear era un aparato que cumpliera una función similar a los programas de reconocimiento automático del habla modernos, una herramienta capaz de procesar la señal de voz emitida por el ser humano y convertirla en símbolos que pudieran ser leídos con facilidad.

"La imprudente idea de fotografiar la palabra" se le había ocurrido un día de mediados del siglo XIX tras leer un texto sobre fisiología humana: si la fotografía podía capturar imágenes fugaces con lentes que imitaban el ojo, ¿no podría una réplica del oído capturar las palabras habladas?


  

Su inspiración dio a luz el fonoautógrafo, un autoescritor de sonido, y volvió a soñar con que la caligrafía escrita en hollín, que consideraba como una taquigrafía natural, algún día se leería con la misma facilidad que los símbolos que habíamos inventado, como las letras.

Por lo pronto, había realizado su visión de hacer del sonido, desde siempre invisible y pasajero, algo visible y permanente.



Después de que su fonoautógrafo captara la atención de SEIN (Société d'encouragement pour l'industrie nationale), una asociación de expertos que evalúa las nuevas tecnologías y sus posibles contribuciones a la industria francesa, Scott tuvo apoyo para mejorar su invento.

Más tarde, se asoció con Rudolph Koenig, un constructor de instrumentos científicos de precisión, para comercializarlo, ofreciéndolo en el catálogo como un aparato capaz de llenar un vacío en la acústica, que -decía- "está un siglo atrás de otras ciencias experimentales, careciendo de instrumentos de observación, medición y análisis, como la astronomía antes de la invención del telescopio".

El fonoautógrafo era "un medio de diseccionar los fenómenos sonoros, un microscopio que no solo muestra los sonidos sino que conserva su huella".


Mostrar sonidos, más que reproducirlos, fue siempre su intención y con ello en mente, Scott hizo varias decenas de grabaciones de fragmentos de canciones, poesía y teatro en varios idiomas que yacieron en silencio, a salvo, pero casi olvidadas en varias venerables instituciones francesas.

Hasta que en 2008, con la tecnología actual, una de esas grabaciones cobró vida como "un fantasma atravesando una cortina velada de tiempo", como le dijo Giovannoni a la BBC.

Presentación en sociedad

La grabación de Au Clair De La Lune en la voz de una niña que Giovannoni y Feaster pensaron podría ser la hija de Scott -"¿No sería dulce?"- fue revelada al público y pronto se hizo viral.


 No a todos les pareció tan dulce.

A Charlotte Green, periodista de BBC Radio 4, le provocó un ataque de risa incontrolable al escucharla en el noticiero que estaba presentando en vivo, un clip que también se volvió viral.

Green dijo más tarde que sonaba como "una abeja atrapada en una botella".

A algunos los conmovió, a otros les pareció espeluznante.

En cualquier caso, la historia se reescribió: quizás Edison había sido el primero en reproducir la voz humana, pero ahora sabíamos que Edouard-Léon Scott de Martinville había sido la primera persona en grabarla.

Sólo que...

Encore une fois 

Seis meses después del lanzamiento de lo que ahora se reconocía como la primera grabación de voz del mundo, Giovannoni y Feaster estaban trabajando en otro audio cuando se dieron cuenta de que habían cometido un tremendo error: habían reproducido Au Clair De La Lune al doble de velocidad.

Cuando lo corrigieron, la voz no era la de una niña, sino la del propio Scott de Martinville.

¡La historia tuvo que ser reescrita una vez más!

Scott murió de un aneurisma en virtual anonimato un año después de conocer el fonógrafo de Edison.

Fue enterrado en una tumba sin nombre, pues su familia no pudo pagar una lápida. En su testamento, Scott pidió a sus hijos que se aseguraran de que él y su invento no fueran olvidados.

En 2015, la UNESCO inscribió en su Registro de la Memoria del Mundo "Las primeras grabaciones de la humanidad de su propia voz: los fonautogramas de Édouard-Léon Scott de Martinville (c.1853-1860)".

domingo, 24 de enero de 2021

La ejemplar vida de Ada Blackjack: la gran reina del Artico

 Nacida en 1898 en Nome, Alaska, criada por misioneros metodistas, madre soltera e indigente, el destino quiso que con apenas 23 años, Ada Blackjack fuera elegida para ser la única tripulante mujer de una arriesgada expedición que buscaba conquistar el Artico



 Si bien su diminuta altura que no alcanzaba el 1,50 m., sumada a su total falta de experiencia en ese tipo de arriesgados viajes y al terror que sentía por los osos polares no la hacían candidata para esa expedición, el joven explorador canadiense Allan Crawford que se dirigía a bordo de su barco Victoria hacia la remota isla Wrangel, ubicada a 160 km. al norte de la costa de Siberia, donde pensaba vivir durante dos años para, así, poder reclamar el territorio para el gobierno británico, la eligió por sus grandes habilidades como costurera.

En el atardecer del 9 de septiembre de 1921, Blackjack se unió al equipo que zarpó de la ciudad de Nome,- donde vivía junto a su hijo Bennett, que sufría de tuberculosis-, a bordo del legendario barco Silver Wave que, tras una semana de travesía, finalmente iba a llegar a la isla Wrangel.


A primera vista, la isla no lucía tan mal como Crawford y su tripulación se lo imaginaban: el clima era relativamente templado y el afloramiento rocoso estaba cubierto por líquenes y musgos. Apenas pusieron un pie sobre la isla, Crawford mandó a sus hombres a izar la bandera británica al tiempo que enterraron una proclama que rezaba “por Su Majestad George, Rey de Reino Unido“.

Si bien durante los primeros meses todo marchaba tal cual se los había asegurado el célebre explorador canadiense Vilhjalmur Stefansson, quien fue el mentor del viaje, lentamente, el estado de ánimo en el campamento comenzó a cambiar. Y todo pareció llegar a su fin cuando las oportunidades de caza desaparecieron ante la irrupción de un invierno ártico que les trajo 61 días de oscuridad y muchísimo frío.

Pero, a pesar de todas las dificultades, Ada confiaba ciegamente en la llegada del barco con víveres y más personas que les había prometido Stefansson al momento de partir. Pero, para eso era fundamental sobrevivir al invierno y esperar la llegada del verano.

Sin embargo, cuando arrancó el otoño, Ada y el resto de la tripulación se dieron cuenta de que el barco de apoyo nunca iba a llegar. Los víveres empezaron a acabarse, los osos polares que una vez habían sido tan abundantes parecían haber desaparecido, y las misiones de caza se estaban volviendo cada vez más infructuosas.

Sabiendo que la muerte estaba cada vez más cerca, en enero de 1923 Crawford decidió emprender, junto a dos de sus tripulantes, Milton Galle y Frederick Maurer, el viaje de regreso a través del entonces mar totalmente congelado en busca de ayuda, dejando a Blackjack y al quinto integrante de su grupo, Lorne Knight, quien estaba muy mal de salud, en el campamento, con la promesa de que iban a regresar en pocos días con víveres.

Pero, lamentablemente, eso nunca sucedió y, tras la muerte de Knight, el 23 de junio de ese mismo año, Ada se dio cuenta de que nadie vendría en su rescate. Lejos de rendirse, Ada decidió continuar con el más que nunca difícil trabajo de mantenerse con vida en ese inhóspito y solitario lugar y empezó a escribir en una suerte de calendario que fabricó con el papel de la máquina de escribir de Galle cada cosa que hacía, remarcando un sueño: regresar junto a su hijo.

Después de escribir una nota cada mañana detallando su paradero en caso de que aparecieran los rescatistas, colocaba trampas para los zorros y aprendió a cazar pájaros y focas. No fueron tiempos para nada fáciles ya que cada oportunidad perdida significaba un destino cada vez más incierto.


 Cuando el viento se llevó un bote de piel que Ada había fabricado con mucho cuidado, se largó a llorar como una niña. Sin embargo, tampoco se rindió y encontró consuelo en su fe cristiana, tal cual lo señaló en su diario el 23 de julio: “Doy gracias a Dios por vivir“. No fue hasta el 20 de agosto de 1923, casi dos años después de haber llegado a la isla Wrangel, que la terrible experiencia de Ada finalmente iba a llegar a su final feliz cuando la tripulación de la goleta Donaldson se acercó a su campamento, ante sus lágrimas de sorpresa y felicidad.

Cuando los rescatistas le preguntaron dónde estaban sus compañeros de equipo, ella solo pudo responder: “Aquí no hay nadie más que yo. Estoy completamente sola“. De regreso a Alaska, la prensa se peleaba por tener las declaraciones de la mujer a la que habían bautizado como “la mujer Robinson Crusoe” quien, gracias al salario que había cobrado por la expedición pudo llevar a su hijo a la ciudad de Seattle para que le dieran tratamiento médico.

Años más tarde, tuvo a su segundo hijo, Billy, pero los problemas de dinero la obligaron a dejarlo tanto a él como a Bennett en un hogar de caridad durante nueve años. Finalmente se mudó a Alaska para trabajar como pastora de renos y vivió hasta los 85 años.