martes, 10 de marzo de 2020

Moneda de Cobre de Illinois

Corría el mes de agosto de 1870, las necesidades agrarias obligaron a una serie de labradores en Lawn Ridge, cerca de Peoria (Illinois, EE.UU) a construir un pozo de riego.


Durante la perforación del mismo, uno de los obreros encargados del trabajo llamado Jacob W Moffitt (1841-1922) de Chillicothe descubrió un extraño objeto con forma de medalla cuando se encontraba a 35 metros de profundidad.

El objeto estaba hecho de una aleación semejante al cobre y de un tamaño parecido al de una moneda de 2 Euros, la extraña moneda, mostraba por una cara a lo que parecían dos figuras humanas, una grande y otra pequeña; la más grande tenía un tocado semejante a una creta, recordaba vagamente a una mujer con una corona que sostenía a un niño también coronado, pero el dibujo estaba tan ilegible que no se pudo concretar al 100%. La otra cara aparentemente representa un animal agazapado situado en el centro con largas y puntiagudas orejas, ojos y boca de gran tamaño, los brazos con forma de garra y una larga cola deshilachada en la punta, con el pelo hacia la izquierda. Alrededor de los bordes de la “medalla” se mostraban jeroglíficos de un tono oscuro. Era de un espesor uniforme y parecían tener los bordes cortados.

De acuerdo a un apunte efectuado por el profesor Alexander Winchell (1824-1891, Geólogo Estatal de Michigan) en su libro “Sparks from a Geologist’s Hammer”, escucho la declaración de otro testigo ocular, el Dr. William H Wilmot, el 4 de diciembre de 1871, en ella se especificaba la ubicación y profundidad de capas freáticas existentes en el lugar de la perforación. El numismático William Ewing Dubois (1810-1881) entrego un informe a la Sociedad Filosófica Americana, en la que sugirió que la moneda había pasado a través de un proceso artificial de laminado, los bordes mostraban evidencias de mecanizado. Los jeroglíficos parecían haber sido grabado con ácido.

Profesor Winchell presentó el objeto a una reunión de la Sección de Geología de la Asociación Americana durante un congreso celebrado en Búfalo (Nueva York, EE.UU.) en 1876. Uno de los participantes, JR Lesley, sugirió que el artefacto era una broma y que podría pertenecer a alguna vieja perforación efectuada por franceses o españoles siglos atrás. También sugirió que las figuras representadas a cada lado del objeto eran semejantes a los signos astrológicos de Piscis y Leo, y afirmo descubrir la fecha 1572 en los jeroglíficos. Winchell se reafirmó en la ilegibilidad de los símbolos, asimismo no pertenecía a ninguna lengua escrita conocida y que la hipótesis de la excavación de franceses o españoles no era sólida en absoluto. Estaba convencido de que la moneda había estado en el depósito a una profundidad de 35 m antes de su descubrimiento y no había caído en un premeditado agujero efectuado siglos antes por alguien.


La misteriosa moneda, se perdió con los años y es difícil evaluar este curioso objeto cuando sólo tenemos una descripción y un tosco boceto. Está claro que no era una moneda contemporánea.

El servicio geológico del estado de Illinois fecho la moneda debido a su profundidad, con una antigüedad de entre 200.000 y 400.000 años.

¿Realidad?… ¿ficción?… ¿broma?…alguien sabe que nuestra mente siempre juega con el beneficio de la duda y por ello tendemos de manera natural a rechazar cosas así… pese a la posible realidad de las mismas.

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lunes, 2 de marzo de 2020

30 de febrero, el día que solo existió una vez en la historia

Este 29 de febrero de 2020 nos recuerda que, cada cuatro años (con algunas excepciones), añadimos un día al final de febrero a nuestro calendario de 365 días, en lo que llamamos un año bisiesto.


Es un ajuste al cual nos hemos acostumbrado. Es un día más para pagar las cuentas a fin de mes, aunque también es un día más para esperar la llegada sueldo. Los que nacieron en esa fecha solo pueden celebrar un verdadero cumpleaños cada cuatro años.

Una sola vez en la historia, sin embargo, Suecia marcó un doble año bisiesto con el 30 de febrero incluido en su calendario de 1712. ¿Se imaginan los que nacieron en esa fecha? Jamás pudieron celebrar un cumpleaños de verdad.

Manipulación del tiempo


Contar el tiempo, marcar los días, meses y años, es una invención humana que trata de seguir los ciclos lunares -más o menos 29,5 días entre lunas llenas-, y solares, más o menos 365,25 días para que la Tierra gire alrededor del Sol.

Pero es un conteo que está sujeto a la manipulación. Diferentes gobernantes a lo largo de la historia dividieron el año en meses (no siempre 12) y quitaron y pusieron días a esos meses según sus necesidades políticas y económicas, o sus caprichos personales.

No obstante, la alineación de esos calendarios con el año solar era un requisito que no se podía obviar.

El emperador Julio César, hace casi 2.000 años, impuso un calendario muy parecido al que usamos hoy en día.

El llamado calendario juliano alternó los 12 meses con 30 y 31 días, iniciando el año en marzo, por ser el comienzo de la primavera, y dejando a febrero cojeando con 28 días o 29 días.

El año bisiesto se ha marcado desde esas épocas romanas para sincronizar el año calendario de 365 días al año solar de aproximadamente 365,25 días o sea, 365 días y seis horas.

El gran salto gregoriano


Ese cálculo sirvió durante siglos, pero no es exacto. El año solar en realidad es un poquitín más corto: 11 minutos y 14,784 segundos, para ser precisos. No es una diferencia que pueda causar un impacto inmediato pero, con el paso de los años, el desfase es notable.


Por eso el papa Gregorio XIII intercedió con su calendario en 1582, para "corregir" la discrepancia. Se hizo sobre todo por razones religiosas, pues el equinoccio de marzo, que marca el inicio de la pascua, se había desfasado por tres días a lo largo de los siglos.

Sea como fuere, el calendario gregoriano es el estándar establecido en la mayoría del mundo. Aunque no todos los países lo adoptaron al mismo tiempo.

Primero fueron los que estaban alineados con la Iglesia Católica. En lugar de eliminar años bisiestos en las siguientes cuatro décadas, cortaron de un tajo 10 días. Saltaron del jueves, 5 de octubre, al viernes, 14 de octubre, de 1582.

Otras naciones e imperios protestantes fueron reacios, pero finalmente adoptaron el cambio. Reino Unido y sus colonias americanas hicieron el gran salto del 2 de septiembre al 14 de septiembre de 1752.

Parsimonia sueca


Pero antes de eso, cuando Suecia decidió incorporar el calendario gregoriano, no quiso hacerlo eliminando todos esos días tan súbitamente. Prefirió hacerlo gradualmente, saltándose los días bisiestos de febrero durante 40 años, hasta quedar ajustados.


Según el calendario juliano que seguían, 1700 era un año bisiesto, pero sólo le atribuyeron 28 días a febrero. Tenían la intención de hacer lo mismo en 1704, 1708, etc. pero, poco después, estalló la guerra y tuvieron otras prioridades que les hicieron olvidar los cambios.

Unos años después, el emperador Carlos XII se dio cuenta de que el calendario en Suecia no era ni juliano ni gregoriano, tomó medidas drásticas y abandonó el cambio.

Pero, como ya habían omitido el bisiesto de 1700, ordenó que en 1712 (otro bisiesto) se añadiera un día adicional al 29 de febrero, creando así por única vez en la historia desde las épocas de Julio César, el 30 de febrero.

Al final, Suecia siguió el ejemplo de sus pares en el norte de Europa y adoptó el calendario gregoriano en 1753, con el mismo sistema de eliminar 10 días en el año de un tajo.

No se sabe qué pasó con todas las personas que tuvieron como fecha de nacimiento ese 30 de febrero, pero no hay duda que no pudieron celebrar un verdadero cumpleaños.

Otros 30 de febrero


La entonces Unión Soviética introdujo un calendario revolucionario, entre 1930 y 1931.

Este incluía semanas de cinco días, en meses de 30 días, con unos cinco a seis días sobrantes al final del año considerados "feriados".

La intención de abolir la semana de siete días era para mejorar la producción industrial sin interrupciones del fin de semana, pero pronto se dieron que sería muy difícil eliminar el tradicional descanso del domingo y la idea se abandonó.

En ciencia ficción también se puede encontrar la fecha. En el cuento corto de Ray Bradbury "La última noche del mundo", el fatídico acontecimiento sucede el 30 de febrero. Y en la obra de J.R.R. Tolkien, los hobbits han desarrollado un calendario con su equivalente febrero de 30 días.

Ya en el mundo real, en algunas ocasiones, cuando la fecha de fallecimiento es desconocida, esta se registra en las lápidas como 30 de febrero.

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domingo, 1 de marzo de 2020

Redescubriendo la Historia, Los chinos llegaron a América antes que Colón


Hay mucho que aprender de aquellos que inventaron el tallarín; el papel; la seda; la sembradora moderna de surcos múltiples; el hierro fundido y el acero; puentes colgantes para paso de vehículos; el sismógrafo; brújulas aplicadas a la geomancia; pólvora; sillas de montar y el estribo; coñac y whisky o “sopa de la sabiduría”; relojes mecánicos; cerillas; naipes; carrete de caña para pescar; cepillos de dientes; carretillas; paraguas; porcelana; laca; el primer plástico llamado baquelita; impresoras que más tarde inspiraron las europeas además de su conocimiento sobre endocrinología, acupuntura, circulación sanguínea; la vacuna contra la viruela guardada por los taoístas; el uso de hormonas; conocimientos sobre geología moderna; el timón, mástiles y velas en los navíos; la campana afinada; cañones, rifles y cohetes que llegaron más tarde a Europa; números decimales y negativos; álgebra aplicada a la geometría. Dos siglos antes de Cristo ellos ya hacían perforaciones en búsqueda de gas natural.


Hay evidencias que América fue visitada o descubierta por América antes de Colón y cierto arte Maya (Tajín) en Mesoamérica es casi idéntico al arte chino. Así pues se sospecha que antiguos emperadores enviaron sus almirantes en búsqueda de conocimientos y la planta de la inmortalidad a América o fueron arrastrados por vientos y corrientes marítimas mucho antes de lo que la historia “occidental” está dispuesta a admitir. Por ejemplo la historia de la gallina.


Hay algo que no encaja en la supuesta introducción de la gallina en América. La explicación clásica defiende que el descubridor portugués Pedro Alvares Cabral llevó gallinas a la costa de Brasil en el año 1500. Los nativos debieron de encontrarle el gusto a estas aves y se las fueron pasando a sus vecinos. Sólo 31 años después, cuando Pizarro y sus conquistadores invadieron Perú, encontraron gran cantidad de gallinas removiendo el polvo de Cuzco y de otras ciudades incas. El aumento de gallinas se propagó a lo largo y ancho de Sudamérica en apenas tres décadas. Si eso es realmente lo que ocurrió, puede calificarse como la más rápida propagación de gallinas a saltos, brincos y diferentes métodos del estilo en la Historia. La vigente explicación arqueológica señala que la gallina fue primero domesticada en el Valle del Indo, en lo que actualmente es Pakistán, hacia el 3000 a. C. Uno puede pensar que tan sumamente provechoso y sabroso pájaro sería rápidamente adoptado por sus vecinos. Pero, al igual que en el caso de los sistemas de cultivo, este nuevo animal de cría viajó atravesando Asia muy despacio. Pasaron 1000 años antes de que apareciera en Persia, mil quinientos en Egipto y Mesopotamia, 1.600 en China, 2.600 en Grecia y 2.900 en Inglaterra. Incluso para las buenas aves, la difusión va despacio. Excepto en Sudamérica, aparentemente. Hay aproximadamente 3.800 kilómetros desde el punto en el que tomó tierra Cabral en Bahía, en la costa brasileña, hasta Cuzco, en los Andes, de nuevo a más de la mitad de la distancia que separa el Valle del Indo de Mesopotamia. Otra vez, la gallina hizo un viaje a través del Nuevo Mundo en tan sólo 31 años, mientras que tardó mil quinientos años en hacerlo en el Viejo. Parece poco probable.


Tampoco parece muy factible que Cabral trajera las clases de gallina encontradas entre los indígenas americanos. Como los expertos en estas aves han demostrado desde hace tiempo, estos pájaros aparentemente vulgares son capaces de impresionantes mutaciones en las manos de un criador experimentado. Como resultado, las razas características de gallinas asiáticas son diferentes de las variaciones europeas. Una de las alteraciones que más llama la atención es la raza melanótica asiática, que tiene plumas, carne y huesos negros y que no se encontró en el Mediterráneo hasta principios del siglo XVI. Además, los asiáticos destinaban las gallinas para usos distintos a los de los europeos. En Asía, las gallinas eran criadas más para sacrificios y peleas que como alimento. ¡Ajá, ya sabemos de dónde viene lo de las peleas de gallo! Las especies de gallinas más comunes entre los indígenas americanos eran mucho más parecidas a las variedades asiáticas que a las europeas. Incluso tenían una especie de carne y plumas negras como la melanótica asiática. Y, antes de que los europeos enseñaran a los americanos a cocinar las gallinas, estas aves se criaban por sus plumas, para rituales y para peleas de gallos. Los usos concretos, que actualmente se sigue creyendo que daban a las gallinas melanóticas, los mayas y sus primos lingüísticos, los huastec, reflejan exactamente las funciones rituales de las gallinas negras de China. Ritos semejantes se han encontrado en el oeste de Bolivia y entre los mapuche de Chile. Parece improbable que la creencia popular de la buena suerte que trae tener una gallina negra en el patio, por ejemplo, pueda haber viajado desde China hasta Guatemala, Bolivia y Chile a través de Cabral, sus compañeros de viaje o algún anónimo aficionado español a las gallinas.




Los nombres indígenas para las gallinas en América también apuntan hacia Asia más que hacia Europa. Los españoles las llaman gallo, gallina o pollo, dependiendo del tipo de animal y del contexto. Uno podría sospechar que si los españoles o los portugueses llevaron la gallina a América como moderna ave de corral, la lengua nativa habría adoptado una forma del nombre original. En realidad, esto es lo que ocurre con los nombres españoles para la gallina. Derivan del hindú pil, que se convierte en gallus en latín, que es el precedente del español, y que identifica a un pájaro de muy antiguo origen entre los habitantes de India. Además, curiosamente, las palabras indígenas americanas para la gallina no muestran ninguna conexión con la raíz indolatína y, sin embargo, reflejan la complejidad lingüística y de terminología de los nombres asiáticos para la gallina. En India, la gallina melanótica se llama kharcha; en la lengua de los Arawak del norte de Sudamérica se denomina karaka. El vocablo chino para gallina es ke, ki or kaí, dependiendo del dialecto. Los nombres en las distintas lenguas mayas son ke, ki, ek e ik. Para los japoneses, una gallina es una mendori y un gallo, un ondori; para los Tarahumara del noroeste de México, son ‘otori y totori.

La tierra que cubría el estrecho de Bering había desaparecido mucho antes de que las primeras gallinas fueran domesticadas a lo largo del río Indo. La única vía posible de viajar desde el Viejo Mundo hasta el Nuevo era en barco, tal como hizo Cabral para llevarlas.

Los asiáticos que llevaron sus gallinas al Nuevo Mundo también transportaron supuestamente algo que fue peor recibido: parásitos intestinales. Se dieron diferentes plagas, mezcla de dos tipos de anquilostomas (Ancylostoma duodenle y Necator americanus) en zonas de cultura china en el Asia tropical y entre los indígenas de la América tropical. Por supuesto, han existido parásitos humanos desde que existen seres humanos, pero los anquilostomas no pudieron ser llevados al Nuevo Mundo a través de la tierra que cubría el actual estrecho de Bering. El anquilostoma debe pasar parte de su vida en ambientes templados, en tierra húmeda, ya que, bajo condiciones árticas, estos parásitos mueren rápidamente. Lo más probable es que estos parásitos llegaran al Nuevo Mundo hospedados en los intestinos de los antiguos marineros que viajaban a bordo de barcos que cruzaban el Pacífico por latitudes de temperaturas templadas.